Los pueblos indígenas en aislamiento rechazan el contacto con foráneos de forma consciente y sostenida. Survival International estima que hay 196 grupos aislados en todo el mundo. En algunos casos se trata de pueblos que no han tenido ningún contacto con el mundo exterior, como los sentineleses en la India. En otros, como es el caso de los ayoreo totobiegosode en el Chaco paraguayo o el de los amahuacos en Perú, se trata de subgrupos de pueblos indígenas más amplios con los que comparten lengua y, a menudo, territorio.
Todos ellos saben de la existencia del mundo exterior y lo rechazan. Son autosuficientes y resilientes. Viven de forma independiente en selvas y bosques, a veces en islas. Resisten las intrusiones y, cuando sus derechos se respetan, prosperan.
Los pueblos indígenas en aislamiento pueden llegar a encontrarse de forma esporádica con personas ajenas a sus comunidades, o no hacerlo nunca. Saben de la existencia de pueblos indígenas vecinos, con los que pueden estar emparentados de forma estrecha o lejana. Por ejemplo, en Indonesia los hongana manyawas no contactados tienen familiares que abandonaron la selva, en la mayoría de los casos por la fuerza. En la Amazonia brasileña los pirititis aislados se cruzan a veces con sus vecinos contactados los waimiri atroaris. Y también en Brasil los massacos fueron conocidos durante décadas únicamente por los rastros que dejaban en la selva, como trampas entrelazadas y afiladas con dientes de roedores dispuestas en sus senderos de caza para ahuyentar a los intrusos.
Que los pueblos indígenas en aislamiento rechacen cualquier tipo de contacto suele tener su origen en recuerdos colectivos de contactos pasados devastadores e invasiones que trajeron consigo violencia, epidemias y muerte. Esta negativa es una clara expresión de su autonomía y su autodeterminación.


