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21 de abril de 2026

El valor del hombre

  "Lastimosamente, a las mujeres les enseñaron qué esperar de un hombre, pero no a cómo tratar a uno. A los hombres nos enseñaron a cómo tratar a las mujeres, pero no qué esperar de ellas.

 Yo no sé decirte qué es más fácil entre ser hombre o mujer en la sociedad. No me parece lógico conversarlo porque cada sujeto tiene su realidad. Sin embargo, si nos ponemos a analizar objetivamente en una balanza, en muchas cosas tiene las de perder el hombre.

 El valor del hombre debe ser forjado. 

 Un hombre solo tiene valor hasta cuando es pequeño. Por ejemplo, ocurre un accidente: siempre dicen "salvar a mujeres y niños", ellos tienen un valor que nosotros no tenemos.

 Los hombres tenemos que ser valiosos pero tenemos que construir ese valor. Una mujer es valiosa porque da vida y los niños son el futuro, pero ya cuando empiezan a crecer, hay ese cambio entre hombre y mujer. Es por eso que si un hombre no construye su futuro, es muy posible que no sea amado. Hay un dicho que dice que el único hombre que es amado por lo que no tiene es por su madre, y es una realidad. No solo es la parte sentimental, también es la parte económica, es la parte intelectual.

 Para tener un valor como hombre tienes que lograr establecerte, de alguna forma, en un estatus, y eso no lo consiguen todos. Y es por eso que yo pienso que quizás ser un hombre conlleva más responsabilidad social."

23 de marzo de 2026

El espejismo del estado de bienestar

 Decir que quien critica al Estado actual está contra los hospitales o las escuelas públicas es una falacia moral.

 No se trata de querer destruir lo público, sino de evitar que se pudra desde dentro. El verdadero enemigo del Estado de bienestar no es el contribuyente que protesta, sino el político que lo convierte en un cortijo.

 España recauda 38,5% del PIB, cuatro puntos por debajo de la media de la eurozona (42,7%) pero gasta un 51% del PIB, lo que genera déficit crónico y deuda récord, más de 1,6 billones de euros, el 109% del PIB.

 El problema no es que falte dinero, sino que se despilfarra.

 Más de 80% del gasto público se destina a pensiones, sanidad, educación y paro. Sin embargo, la calidad de los servicios cae. Las listas de espera superan ya los 850.000 pacientes, la atención primaria está colapsada, y la educación pública pierde peso frente a la concertada y privada. ¿Dónde se queda entonces el dinero?

 El Estado se ha convertido en un intermediario ineficiente, hipertrofiado por duplicidades, chiringuitos ideológicos y empresas públicas que sirven de refugio a afines.

 España tiene más de 22.000 entes públicos, muchos creados para burlar los límites de contratación y deuda. No es casual que tengamos el doble de cargos políticos que Alemania y un 30% menos de productividad.

 La izquierda institucional confunde defender lo público con blindar el poder del partido.

 Habla de carreteras y luz en las calles pero calla cuando se trata de fundaciones subvencionadas sin control, sueldos de asesores o publicidad institucional que supera los 250 millones de euros anuales. Eso también se paga con impuestos.

 El discurso del pagar es solidaridad solo tiene sentido si hay transparencia y reciprocidad. Si el Estado no rinde cuentas, los impuestos dejan de ser un pacto social y se convierten en una exigencia legal sin sentido.

 No es egoísmo querer que el dinero público se gestione bien, es responsabilidad cívica.

 Y sobre Andorra, conviene recordar que no todos los que se marchan lo hacen por codicia. Algunos se cansan de ver cómo se castiga el mérito, se exprime a los autónomos y se premia al enchufe.

 En los países nórdicos, tan citados por la izquierda, se pagan impuestos altos, sí, pero a cambio de servicios eficaces, transparencia y respeto institucional.

TextoSalvador Cruz Quintana