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23 de marzo de 2026

El espejismo del Estado de bienestar

 Decir que quien critica al Estado actual está contra los hospitales o las escuelas públicas es una falacia moral.

 No se trata de querer destruir lo público, sino de evitar que se pudra desde dentro. El verdadero enemigo del Estado de bienestar no es el contribuyente que protesta, sino el político que lo convierte en un cortijo.

 España recauda 38,5% del PIB, cuatro puntos por debajo de la media de la eurozona (42,7%) pero gasta un 51% del PIB, lo que genera déficit crónico y deuda récord, más de 1,6 billones de euros, el 109% del PIB.

 El problema no es que falte dinero, sino que se despilfarra.

 Más de 80% del gasto público se destina a pensiones, sanidad, educación y paro. Sin embargo, la calidad de los servicios cae. Las listas de espera superan ya los 850.000 pacientes, la atención primaria está colapsada, y la educación pública pierde peso frente a la concertada y privada. ¿Dónde se queda entonces el dinero?

 El Estado se ha convertido en un intermediario ineficiente, hipertrofiado por duplicidades, chiringuitos ideológicos y empresas públicas que sirven de refugio a afines.

 España tiene más de 22.000 entes públicos, muchos creados para burlar los límites de contratación y deuda. No es casual que tengamos el doble de cargos políticos que Alemania y un 30% menos de productividad.

 La izquierda institucional confunde defender lo público con blindar el poder del partido.

 Habla de carreteras y luz en las calles pero calla cuando se trata de fundaciones subvencionadas sin control, sueldos de asesores o publicidad institucional que supera los 250 millones de euros anuales. Eso también se paga con impuestos.

 El discurso del pagar es solidaridad solo tiene sentido si hay transparencia y reciprocidad. Si el Estado no rinde cuentas, los impuestos dejan de ser un pacto social y se convierten en una exigencia legal sin sentido.

 No es egoísmo querer que el dinero público se gestione bien, es responsabilidad cívica.

 Y sobre Andorra, conviene recordar que no todos los que se marchan lo hacen por codicia. Algunos se cansan de ver cómo se castiga el mérito, se exprime a los autónomos y se premia al enchufe.

 En los países nórdicos, tan citados por la izquierda, se pagan impuestos altos, sí, pero a cambio de servicios eficaces, transparencia y respeto institucional.

TextoSalvador Cruz Quintana

2 de marzo de 2026

"El idiota"

 "Soy un idiota, pero también soy un príncipe. He visto el mundo y su gente, y he visto que todos son idiotas. Son egoístas, codiciosos y crueles. Se dejan llevar por sus pasiones y deseos, y no tienen consideración por los demás. Soy un idiota porque soy diferente a ellos. Veo el mundo con compasión y comprensión, y creo en la bondad de las personas. Pero mi bondad se confunde con debilidad, y mi compasión se ve  como una tontería. Soy un idiota porque estoy solo en un mundo de tontos"

Fiódor Dostoyevski - Visto aquí

25 de febrero de 2026

Dos voces

 “Cada ser humano lleva dentro de sí dos voces, una de las cuales le susurra la verdad desnuda, y la otra le falsea la realidad para que pueda soportarla. ¿Cuántas veces nos hemos mirado al espejo y sólo hemos visto nuestro rostro, mientras nuestras almas estaban detrás del cristal, mirándonos con los ojos vacíos?

 ¿Has intentado permanecer en completo silencio, escuchando tus pensamientos mientras fluyen sin restricciones? Es aterrador. El hombre no soporta enfrentarse a sí mismo, por eso llena su vida de ruido, de trabajo, de conversaciones vacías, de estupefacientes, de cualquier cosa que le haga escapar de la pregunta que siempre le persigue: ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué me mantiene en marcha? Quizás la respuesta no sea buscar, sino dejar de huir..."

Fiódor Dostoievski - Visto aquí