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28 de enero de 2026

¿Qué similitudes y diferencias hay entre el anarquismo y liberalismo respecto a la función del estado?

 Las principales similitudes y diferencias entre el anarquismo y el liberalismo respecto a la función del Estado se centran en su visión de la autoridad política, la libertad individual y la necesidad (o no) de instituciones coercitivas centralizadas.

Similitudes:
 
 Ambas corrientes comparten una crítica profunda al Estado expansivo o autoritario:

• Ambas defienden la libertad individual como valor central y rechazan interferencias innecesarias en la vida personal.

• Ambas critican el abuso del poder estatal, la opresión y la concentración excesiva de autoridad (el liberalismo contra el absolutismo o intervencionismo excesivo; el anarquismo contra cualquier forma de dominación estatal).

• Ambas valoran la autonomía del individuo y la idea de que las personas pueden autogobernarse en buena medida mediante cooperación voluntaria o mecanismos no coercitivos.

 Estas similitudes son más evidentes en el liberalismo clásico (Locke, Mill, Hayek) y en ciertas ramas del anarquismo individualista, donde hay una defensa de la soberanía personal y una desconfianza hacia el Estado como potencial tirano.
En resumen:

• El liberalismo ve el Estado como un mal necesario (limitado y controlado por leyes, separación de poderes y consentimiento) para preservar la libertad y el orden.

• El anarquismo lo ve como un mal innecesario y eliminable, confiando en que la cooperación voluntaria, la solidaridad y la responsabilidad mutua bastan para organizar la sociedad sin jerarquías coercitivas.

 Estas diferencias hacen que, pese a coincidencias superficiales en la crítica al poder excesivo, el abismo sea profundo: el liberalismo busca limitar el Estado, mientras que el anarquismo busca abolirlo. Variantes como el anarcocapitalismo intentan un puente (mercado libre sin Estado), pero la mayoría de anarquistas tradicionales lo rechazan por perpetuar desigualdades económicas como forma de dominación.

Respuesta de Grok

26 de enero de 2026

La democracia de los buenos

 "...el totalitarismo es una forma de pensar que le sale de forma espontánea a mucha gente, una forma de pensar que se articula en tres pasos:

 El primero es asumir como una verdad evidente que, por mucho que nadie tenga el 100% de la razón, sí que hay un sector de la población que defiende unas ideas que son evidentemente mejores. Y mejores ya no solo desde el punto de vista técnico, sino, sobre todo, desde el moral.

 El segundo paso, muy lógico, es concluir que, si hay unas ideas que son manifiestamente mejores, quienes se oponen a ellas tienen que hacerlo porque son peores personas.

 Y a partir de ahí, ¿cómo no dar el tercer paso? Si hay unos que son claramente buenos y defienden lo mejor para todos, mientras que hay otros que actúan por motivos egoístas y malvados, ¿no es lógico pretender que los buenos, los que defienden el bien común, controlen el mayor número de instituciones posibles y durante todo el tiempo que sea posible? ¿Qué sentido tiene ceder ninguna porción de poder a los malos?"


Fuente  -  Visto aquí

24 de enero de 2026

El sistema

 El problema no es el sistema, podría ser cualquier sistema pero si quienes nos representan o gestionan los recursos públicos son corruptos y no hay mecanismos seguros de control y sanción todo dará igual, será igual de deprimente.

Autor: Toni

21 de enero de 2026

Lealtad

  Cuando hay lealtad institucional no hay lealtad a los ciudadanos. Las instituciones están por encima de los ciudadanos, en una democracia la lealtad es para el pueblo.

Autor: Toni

5 de enero de 2026

El mito del estudiante endeudado con el Estado

 

El mito del estudiante endeudado con el Estado

Aparece de vez en cuando este argumento sentimental, que si el Estado ha invertido más de 100.000 euros en mi educación le debo gratitud eterna.

Pero eso no es economía, es catecismo ideológico.

El Estado no invierte en ti como una empresa que arriesga su dinero esperando rentabilidad.

Redistribuye recursos que previamente recaudó de otros ciudadanos. Cada euro de esa educación pública salió de los impuestos de trabajadores, autónomos y empresas que ya contribuyeron antes de que tú nacieras.

La educación pública no es un favor, es un derecho garantizado por generaciones de contribuyentes. Y ese gasto no es deuda personal, lo devuelves cada día al consumir, trabajar y pagar impuestos.

Un recién licenciado empieza a tributar con el IVA de cada compra y con el IRPF de su primer sueldo. Si gana 1.500 euros netos, ya está devolviendo cerca de 700 euros mensuales en cargas directas e indirectas. En unos años, habrá devuelto con creces esos 112.000 euros.

Además, el Estado no te forma gratis, el gasto educativo en España ronda el 4,6 % del PIB, por debajo de la media europea (5 %), y gran parte se pierde en burocracia, no en mejorar aulas o sueldos docentes.

Menos del 1,5% del presupuesto nacional va a I+D+i, mientras se gastan miles de millones en duplicidades autonómicas, asesores y propaganda institucional.

La gratitud no puede ser servidumbre. Si el Estado gestiona mal el dinero de todos, el ciudadano tiene derecho a reclamar eficiencia sin que le acusen de ingrato.

Porque pagar impuestos no convierte a nadie en súbdito, sino en ciudadano del país.

El problema no es que algunos no valoren la educación pública. Es que otros la usan como chantaje emocional para justificar un Estado ineficiente que premia la obediencia y penaliza el mérito.

La deuda con España no se salda con sumisión, sino con responsabilidad, trabajo y exigencia moral hacia quienes administran lo que todos pagamos.

Texto: Salvador Cruz Quintana      Visto aquí

1 de enero de 2026

No les importa

 "La mitad del mal que se hace en este mundo está hecho por gente que quiere pensar bien de si misma. No es que quieren dañar, es que no les importa".

T.S.Eliot

Visto aquí