29 de diciembre de 2010

P88

No siempre es necesario pensar con palabras.
Las palabras con frecuencia me impiden
actuar en forma plenamente intuitiva.

Los temores, la indecisión y la frustración,
se alimentan con palabras.

Sin palabras, generalmente cesan.
Si al tratar de relacionarme con alguien,
especialmente si se trata de un desconocido,
dejo de pensar en palabras
y atiendo a la situación, permaneciendo abierto,
encuentro que actúo más adecuadamente,
de forma más natural u original
y a veces, incluso, con audacia.

Tal vez las palabras sean buenas para rememorar,
pero son limitadas cuando
necesito actuar en presente.

26 de diciembre de 2010

Angel caido

Soy el angel perdido que se escapó por la ventana, que trató de volar mientras estaba en la caida, soy el angel que llegó al suelo boca arriba, mirando al cielo veia las estrellas brillar pero mis alas seguían rotas.

Autor: Toni

19 de diciembre de 2010

Pink Floyd - Another Brick in the Wall

video


Another Brick In The Wall, by Pink Floyd

Me estáis preparando psicológicamente para que pierda la vocación, para el día en que llegue ese momento y vaya al trabajo con mirada de desprecio y con caminar tedioso. Me repetís todo el tiempo que llego ilusionada porque soy joven, pero que con los años ya me iré dando cuenta de que no hay nada que hacer por esas bestias. ¿Os escucháis hablar?

Miro a los alumnos a los ojos y su mirada todavía es luminosa, aún brilla. Es como si hubiese una distancia de años luz entre su mirada adolescente y la vuestra “adulta”. Reciben diariamente lecciones de profesores desmotivados que, por tanto, y entrando en un círculo vicioso, no los motivan. Y entonces llegan la distracción en el aula y la falta de interés. Y, finalmente, suspensos que se contagian como en plena pandemia intelectual. Lo fácil, por supuesto, es llegar a la sala de profesores lamentándose de lo espantosamente mal que lo están haciendo los alumnos. Porque someterse a un examen interno estrictamente sincero llevaría a la inevitable conclusión de que sois pésimos educadores, pésimos maestros y, por último, seres humanos verdaderamente crueles.

No os dais cuenta de que muchas de las decisiones de las que esos muchachos tomen en un futuro dependerán de cómo haya sido su experiencia en la enseñanza desde el lado del pupitre. Que vuestro interés será el suyo. Que no hay seres más perceptivos en este mundo que los niños y los adolescentes. Y si no perciben nada, nada será lo que os den. Me parece una ley justa. No os dais cuenta, al fin y al cabo, de que estáis creando víctimas que tendrán graves problemas para pisar fuerte en la vida. Y todo ¿por qué? Porque no prestáis atención a cada uno, porque no conocéis de verdad sus carencias, porque nunca les destacáis como es debido sus virtudes, porque ahora sois meros funcionarios que tienen la humanidad guardada en la fotos de juventud, esa en la que decís que erais como yo. Porque sois tan egoístas que lo único que os importa es figurar para cobrar a fin de mes sin pensar por un instante qué será de la vida de esos niños. Vosotros no les vais a salvar.

No os atreváis a decir que es una vergüenza lo poco que saben los muchachos a día de hoy, o que teméis que de ellos dependa el futuro. De lo que de corazón debéis sentir vergüenza es de que vosotros, seres miserables, hayáis convertido a nuestros jóvenes en seres sin pasiones ni ambición por mejorar. La vida, con su justicia poética, hará que en el futuro dependáis de un gobernante que os mate de hambre… no por mala intención, sino por ignorancia. Y entonces, sólo entonces el mundo habrá quedado en paz.


*Texto copiado en este post que se encuentra en este blog


6 de diciembre de 2010

Ilusiones rotas

¿Para que soñamos?, de que nos sirve imaginar un mundo mejor, para que generar tantas expectativas, estamos anclados en regimenes políticos que sobreviven gracias al arraigo de la avaricia y el afán de poder, creando falsas esperanzas donde viven las ilusiones rotas.

Autor: Toni

3 de diciembre de 2010

El hombre que iluminó el mundo

Cuentan los textos budistas que en cierta ocasión una pobre mujer que había perdido a su único hijo se acercó al Buda con la esperanza de que este obrase un milagro y resucitase al niño. El Buda no se negó a ello, y a tal efecto le pidió en primer lugar que fuese a la ciudad y le trajese un puñado de semillas de mostaza de una casa en la que no hubiese muerto nadie. La mujer hizo como se le había encomendado, pero no halló hogar alguno que no tuviese un muerto que llorar. De repente, la mujer se dio cuenta de la ineluctabilidad de la muerte y de la futilidad de un pequeño milagro para superar el dolor que comporta la existencia. Este incidente ilustra a la perfección algunos de los rasgos más sobresalientes del Buda, como sería conocido Siddharta Gautama: compasión, sentido común, pragmatismo, aversión hacia los milagros y, sobre todo, esa capacidad para enseñar que no consistía en enunciar simplemente una respuesta, sino en ayudar a la persona a descubrir la verdad por sí misma.


* Texto extraido de la revista Historia de National Geographic numero 5